El
Museo del Prado ofrece una exposición sobre Velázquez, en la
que muestra una treintena de obras del famoso artista español.
Se
trata de la actividad como retratista en los once últimos años del
artista, y la continuación de esa labor por parte de Juan Bautista
Martínez del Mazo y Juan Carreño, que hizo que su presencia no se
acabara con las obras que él pintó. Once piezas con un nivel de
calidad extremadamente alto, en el que el color es más denso y
variado de lo habitual, y en el que los mundos femenino e infantil
dominan por completo.
Un
total de 26 de los 30 cuadros representan al rey, a su mujer o a sus
hijos, cuyas vivencias personales llegaron a tener una repercusión a
nivel europeo.
Se
expone uno de los momentos más brillantes y con mayor personalidad
de Velázquez y de la historia del retrato de las cortes españolas.
La
importancia de las pinturas fue tal, que incluso llegaron a
convertirse en objeto de intercambio diplomático.
La
exposición nos permite, por otra parte, hacer una comparativa de los
retratos que el artista hace en Roma, relacionados con la corte
papal, y los bustos que hace en la corte madrileña. En los primeros,
consigue una gama expresiva, mientras que en el segundo grupo,
recupera el hieratismo y la distancia de antes.
La
llegada de una nueva reina a Madrid (Mariana de Austria), y el
posterior nacimiento de infantes y príncipes obligó a multiplicar
el número de retratos, poniendo en marcha un taller activo.
Velázquez
es, sin duda, uno de los puntos de referencia de nuestra memoria
histórica. A lo largo de la historia, sus obras nos han valido para
reflexionar sobre nosotros mismos. La exposición pretende seguir con
las reflexiones introduciendo también a la familia real, dejando
entre ver cómo los pintores, a través de sus obras, consiguieron
plasmar momentos complejos de nuestra historia.

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