martes, 26 de noviembre de 2013

"El lugar más feliz del mundo" llega a la Facultad de Ciencias de la Información


18.00 horas. Sala Naranja. Sabía que iba a una conferencia del periodista y escritor David Jiménez, pero no sabía mucho más. En la entrada, a mano derecha, varios ejemplares de su último libro “El lugar más feliz del mundo”, y primera sorpresa, el título es una contradicción con la foto de la portada. Más tarde el autor nos desvelaría que se trata de una frase que el gobernador de Corea del Norte dice a su pueblo, como descripción de su país, a pesar de ser el lugar más hermético y del que menos información hay, y, el lugar que Jiménez define como “la mayor cárcel que existe”.

Los murmullos que llegan desde el fondo de la sala son el presagio de que el evento va a comenzar, y me hacen salir del asombro en el que me había quedado nada más entrar.
Tras una breve presentación del invitado especial, en la que los elogios se suceden casi sin quererlo, le toca el turno a él, David Jiménez, corresponsal en Asia para el diario El Mundo desde hace más de 15 años, cubriendo los que han sido los grandes conflictos del continente en los últimos años.
Un joven veinteañero que se plantó en el despacho de Pedro J. Ramírez para anunciarle que dejaba la redacción para irse a Hong Kong y trabajar allí como corresponsal, inició el coloquio del pasado miércoles 13 de noviembre, poniendo en entredicho lo que mucha gente hoy en día afirma, la crisis y el pesimismo del periodismo.
Asegura que ahora mismo existen muchas posibilidades de tener una voz, por ejemplo, a través de internet.
“El lugar más feliz del mundo” lo presenta como un libro de periodismo y viajes, “un homenaje a los nuevos periodistas para que 15 años más tarde sigan escribiendo cosas así”.
Lo plantea como un regreso a esos “lugares calientes” en los que ha estado tiempo atrás y a los que es necesario volver para cerrar historias, para saber qué fue de aquella gente que en su día (5, 10 o 15 años atrás) te contó sus vivencias para que les dieras lo que ellos no tienen, una voz.


Mi interés por la conferencia y por las historias personales que cuenta el protagonista va in creccendo desde el momento en el que comenzó a hablar y supe su faceta de corresponsal de guerra (admirable especialización periodística que siempre me ha llamado la atención).
No tengo ni idea de qué pretendo hacer cuando termine este curso y con él la carrera de periodismo, pero una cosa tengo clara, igual que la tenía David, no puedo quedarme sentada todo el día en una redacción delante de un ordenador. Quiero salir a por la noticia.

Un acierto clave del conferenciante fue apoyarse en ejemplos reales que le sucedieron a lo largo del camino. Decía antes, palabras del mismo David Jiménez, “regreso a lugares calientes”, esto ha sido, para él, volver a Camboya donde vivió que se vendían niñas de entre 5 y 12 años en burdeles que hoy son escuelas y talleres de confección.
Lo decíamos antes, volver para ver qué ha sido de aquellas personas... volver para poder cerrar historias.
Volver a Fukushima donde conoció a un ciudadano reacio a marcharse para no ser un refugiado el resto de su vida. Volver para comprobar cómo Japón se está abriendo poco a poco. (Estas historias reales sin duda hacen que, desde mi butaca de esa Sala Naranja sienta profundos escalofríos). Un regreso, dice, que es fundamental en el periodismo y que muchos profesionales olvidan.
Subraya la importancia de acercarse al lugar de los hechos, implicarte en ello, no basta con informarte por internet, y, sobre todo, no desviar la atención de los verdaderos protagonistas de las historias, no caer en el error de darse a sí mismo protagonismo, pues “en una guerra, el periodista es la única voz que tienen los civiles inocentes”.
Quiso destacar una vez más la importancia de la profesión, señalando que, tras el Tsunami de 2004, estamos ante la mayor labor humanitaria que se ha conseguido, y ha sido gracias a la información que aportaron los periodistas.

A lo largo de la conferencia, me resolvió cuestiones que habitan en mi cabeza desde hace mucho tiempo. ¿Cómo es la vuelta a la realidad de España? ¿Cuáles son los estragos de una persona que ve la muerte y la miseria desde tan cerca?
Jiménez aseguró lo mucho que le costó adaptarse de nuevo a la vida real, adaptarse a las conversaciones diarias sobre cosas banales (banales después de haber vivido lo que vivió).



El fin del coloquio llegó cargado de buenos consejos:

Sé un periodista independiente, para lo que tendrás que estar lleno de coraje.
No te dejes convencer por el pesimismo que nos rodea.
Aprende inglés.
curioso.
Exige remuneración por tu trabajo.
No te arrimes a la mediocridad.
Ve siempre más allá.

Y, sobre todo, cuando alguien te diga que algo es imposible, no le hagas caso y averígualo por ti mismo.

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