18.00 horas. Sala Naranja.
Sabía que iba a una conferencia del periodista y escritor David Jiménez, pero no sabía mucho más. En la entrada, a mano derecha,
varios ejemplares de su último libro “El lugar más feliz del
mundo”, y primera sorpresa, el título es una contradicción con la
foto de la portada. Más tarde el autor nos desvelaría que se trata
de una frase que el gobernador de Corea del Norte dice a su pueblo,
como descripción de su país, a pesar de ser el lugar más hermético
y del que menos información hay, y, el lugar que Jiménez define
como “la mayor cárcel que existe”.
Los murmullos que llegan
desde el fondo de la sala son el presagio de que el evento va a
comenzar, y me hacen salir del asombro en el que me había quedado
nada más entrar.
Tras una breve
presentación del invitado especial, en la que los elogios se suceden
casi sin quererlo, le toca el turno a él, David Jiménez,
corresponsal en Asia para el diario El Mundo desde hace más de 15
años, cubriendo los que han sido los grandes conflictos del
continente en los últimos años.
Un joven veinteañero que
se plantó en el despacho de Pedro J. Ramírez para anunciarle que
dejaba la redacción para irse a Hong Kong y trabajar allí como
corresponsal, inició el coloquio del pasado miércoles 13 de
noviembre, poniendo en entredicho lo que mucha gente hoy en día
afirma, la crisis y el pesimismo del periodismo.
Asegura que ahora mismo
existen muchas posibilidades de tener una voz, por ejemplo, a través
de internet.
“El lugar más feliz
del mundo” lo presenta como un libro de periodismo y viajes, “un
homenaje a los nuevos periodistas para que 15 años más tarde sigan
escribiendo cosas así”.
Lo plantea como un
regreso a esos “lugares calientes” en los que ha estado tiempo
atrás y a los que es necesario volver para cerrar historias, para
saber qué fue de aquella gente que en su día (5, 10 o 15 años
atrás) te contó sus vivencias para que les dieras lo que ellos no
tienen, una voz.
Mi interés por la
conferencia y por las historias personales que cuenta el protagonista
va in creccendo desde el momento en el que comenzó a hablar y supe
su faceta de corresponsal de guerra (admirable especialización
periodística que siempre me ha llamado la atención).
No tengo ni idea de qué
pretendo hacer cuando termine este curso y con él la carrera de
periodismo, pero una cosa tengo clara, igual que la tenía David, no
puedo quedarme sentada todo el día en una redacción delante de un
ordenador. Quiero salir a por la noticia.
Un acierto clave del
conferenciante fue apoyarse en ejemplos reales que le sucedieron a lo
largo del camino. Decía antes, palabras del mismo David Jiménez,
“regreso a lugares calientes”, esto ha sido, para él, volver a
Camboya donde vivió que se vendían niñas de entre 5 y 12 años en
burdeles que hoy son escuelas y talleres de confección.
Lo decíamos antes,
volver para ver qué ha sido de aquellas personas... volver para
poder cerrar historias.
Volver a Fukushima donde
conoció a un ciudadano reacio a marcharse para no ser un refugiado
el resto de su vida. Volver para comprobar cómo Japón se está
abriendo poco a poco. (Estas historias reales sin duda hacen que,
desde mi butaca de esa Sala Naranja sienta profundos escalofríos).
Un regreso, dice, que es fundamental en el periodismo y que muchos
profesionales olvidan.
Subraya la importancia de
acercarse al lugar de los hechos, implicarte en ello, no basta con
informarte por internet, y, sobre todo, no desviar la atención de
los verdaderos protagonistas de las historias, no caer en el error de
darse a sí mismo protagonismo, pues “en una guerra, el periodista
es la única voz que tienen los civiles inocentes”.
Quiso destacar una vez
más la importancia de la profesión, señalando que, tras el Tsunami
de 2004, estamos ante la mayor labor humanitaria que se ha
conseguido, y ha sido gracias a la información que aportaron los
periodistas.
A lo largo de la
conferencia, me resolvió cuestiones que habitan en mi cabeza desde
hace mucho tiempo. ¿Cómo es la vuelta a la realidad de España?
¿Cuáles son los estragos de una persona que ve la muerte y la
miseria desde tan cerca?
Jiménez aseguró lo
mucho que le costó adaptarse de nuevo a la vida real, adaptarse a
las conversaciones diarias sobre cosas banales (banales después de
haber vivido lo que vivió).
El fin del coloquio llegó
cargado de buenos consejos:
Sé un periodista
independiente, para lo que tendrás que estar lleno de coraje.
No te dejes convencer por
el pesimismo que nos rodea.
Aprende inglés.
Sé curioso.
Exige remuneración por
tu trabajo.
No te arrimes a la
mediocridad.
Ve siempre más allá.
Y, sobre todo, cuando
alguien te diga que algo es imposible, no le hagas caso y averígualo
por ti mismo.









