martes, 14 de enero de 2014

Tradiciones navideñas que son "marca España"

La navidad en España se vive, y se vive mucho. Las calles se llenan de color con bombillas que forman figuras muy dispares, y en las plazas abundan chiringuitos que ofrecen desde gorros de Papá Noel hasta dulces cuyo olor invita a hincar el diente en cualquier momento.

Villancicos, belenes y compras, muchas compras. La sociedad llega incluso a enloquecer en busca del mejor  regalo para un familiar, amigo... o quien sea.
Los hogares también se visten de largo. Árboles adornando cada salón, y terrazas llenas de luces chispeantes. Todo listo, todo preparado.


Y llega el día 31 de diciembre, el último día del año. Y la gente vuelve a enloquecer. Vestidos, trajes, corbatas, americanas, tacones... y con ellos el suplicio de las mujeres.
Noche vieja o fin de año, da lo mismo. Los españoles somos peculiares hasta para celebrar la entrada de un año nuevo. Doce uvas de postre, a las 00.00 h, que sin duda es un postre, cuanto menos, sorprendente. 


Todas las cadenas de televisión conectan en directo con la Puerta del Sol de Madrid, abarrotada por miles y miles de personas, y en las que los presentadores, actores o colaboradores más carismáticos o famosos de cada canal, invitan a toda España a tomarse con ellos las doce uvas en cada campanada que suena en el reloj cuando dan las doce. Y tras ellas, celebraciones, champán, cotillón, brindis y abrazos con los seres queridos con los que se comparte esa última cena del año.


Aquí, una servidora, siempre se escaquea de la tradición de las doce uvas con las doce campanadas. Primero, porque no me gustan las uvas, segundo, porque me parece verdaderamente absurdo pensar que así tendrás asegurada la suerte en ese año que entra, y tercero, porque este año se las he dado a mi perro Ron (eso sí, cada una con cada campanada, no vaya a ser). No las como desde hace muchos años. Y aquí sigo. Viva.

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